FUNDICIÓN MÍTICA DE BUENOS AIRES
Acordes d tangos electrónicos
barren mi peqeñas atmósfera
en las barrancas desoladas
d éste extraño Río d la Plata,
iluminadas x un sol oculto
como una epifanía virginal
d una ciudad q aún no existe.
En la costa opuesta está Juan Salvo
como una boya naranja.
tomando unos cimarrones d Yerutí,
no me ve, o tal vez finge,
qerrá meditar solo sobre Martita y Helena.
Las aguas se escurren indiferentes
sepenteando sus pieles marrones
para no qedar estancadas
en los sedimentos d las dunas subfluviales.
Me monto en mi bici mágica
y las blancas ruedas d luna llena
cruzan el mar dulce d Solís,
asperjando lluvias ambarinas
con sus aristas circulares.
"Hola Juan"¿tendrás un mate para mi?
le pregunto, pero me ignora,
atrapado en su translúcida fosforescencia.
Es un fantasma o un holograma, pienso
y me voy desilusionado hacia el poniente,
en busca del Imperio del Sol;
voy espantando ciervos y jabalíes,
teros, canallas y zorros colorados,
desde Colonia hasta Valle Fértil
puerta del trono eterno del Ischigualasto,
donde el sol desgarra su piel d luz
entre los colmillos d los roqedales.
¡Ay! mi bici violeta qedó lisiada,
sus ruedalunas reconocieron su hogar,
su valle; d donde un conjuro huarpe
las abdujo con sus dramáticas chayas
lanzándolas a la rosa d los vientos
como calesines d chispas lunares.
Me qedé apeado con el silencio
rompiéndome los tímpanos.
Alaridos cósmicos d la Gran Hecatombe
aún rebotan sus atávicos ecos
entre éstos pétreos cajones andinos.
Busco trepar a la altura mayor
con mi debilitado corazón
batiendo como el aleteo del colibrí;
me engancho en la hoz del Centauro
y me zambullo en la Vía Láctea.
Acá no se oyen las arengas d odio,
no hay estafadore q se dicen artistas,
no hay mercenarios deportistas
cacareando reclamos x el fair play
y luego qiebran sin arrepentimiento
al q se atreva a tirarles un caño,
una rabona, un sombrerito,
demostrando su asumida inferioridad
q los hace sentirse burlados.
No hay economistas plutócratas
q juren q convertirte en su esclavo
es lo mejor q te puede deparar la vida.
Acá no hay milicos asesinos
q juren q morir x la patria
es el mayor honor para TUS hijos;
ni uniformados impunes
armando redes d tráfico y prostitución.
Tampoco hay jueces corruptos
q liberan a chorros y asesinos;
y encarcelan a los q denuncian
las injusticias y a los vendepatria.
Éste sitio es el cielo, sí,
y cabalgando en la flecha d Sagitario
navegaré hasta el fin d mi tiempo
en éste dominio sin dioses narcisistas
q me prometen vivir una eternidad
postrado a sus pies adorándolos.
(7/7/24 - 20:15)
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